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A hawk overlooks an empty Athletic Club soccer stadium with red seats.et

Así protegemos los estadios de fútbol con el arte milenario de la cetrería

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Cetrería e innovación: mi experiencia protegiendo los campos de fútbol junto a mis aliadas las rapaces

Los campos de fútbol poseen un atractivo irresistible para numerosas especies de aves como palomas, tórtolas turcas, gorriones o estorninos, entre otros. Dentro de estas inmensas estructuras se sienten seguras, encuentran alimento de sobra, zonas de descanso y el lugar perfecto para anidar.

De todas ellas, las palomas comunes (Columba livia domesticus) suelen ser las más problemáticas. Se adaptan a casi cualquier medio y se reproducen a una velocidad pasmosa: disponiendo de comida, crían durante todo el año realizando puestas cada dos meses. Además, una sola paloma consume entre 30 y 50 gramos de semillas al día, un dato que los encargados del césped de los estadios conocen demasiado bien.

Las razones por las que las aves deciden instalarse en los estadios de fútbol son principalmente tres:

  • Alimento fácil: basado sobre todo en la oferta diaria de semillas de césped y, en menor medida, en los restos de comida tras los partidos.
  • Cobijo perfecto: la infinidad de posibles posaderos y zonas para anidar que ofrecen las complejas estructuras de las cubiertas.
  • Seguridad total: son muy pocas las rapaces u otros depredadores que se atreven a cazar de forma natural dentro de estas infraestructuras.

Radiografía del problema: cómo diseñamos un plan de actuación

Como expertos en gestión de fauna y biodiversidad en Anticimex, diseñamos proyectos enfocados en la gestión sostenible de aves. Lo primero que hago junto a mi equipo es realizar un censo minucioso de la población: clasificamos las especies, analizamos el uso que hacen de las instalaciones, localizamos las zonas de anidamiento, sus rutas de entrada y salida, y sus horarios.

Tras esta valoración inicial, trazamos un plan de actuación a medida que combina diferentes técnicas:

Sistemas de ahuyentación: mediante el vuelo diario de aves rapaces y otros métodos tecnológicos como los sistemas láser. Este es nuestro pilar central para desalojar a las aves, ya que genera una constante sensación de inseguridad en la zona.

Capturas selectivas: como apoyo a los sistemas principales.

Sistemas de exclusión: mediante el cierre de puntos críticos (agujeros y huecos en la estructura). Este sellado lo realizamos mediante técnicas de trabajos verticales o la instalación de materiales repelentes.

Al ser zonas tan atractivas, el control en los estadios debe ser ininterrumpido, aunque la intensidad se puede reducir una vez que la población está controlada. Además, las rapaces realizan un control biológico secundario muy beneficioso para las instalaciones, ayudando a mantener a raya otras plagas como ratas y ratones.

El arte milenario de la cetrería

El uso de halcones y otras rapaces es nuestro auténtico estandarte. El adiestramiento y la caza con estas aves se denomina cetrería, una técnica con más de 4.000 años de antigüedad declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. Se trata de un método de caza milenario, totalmente sostenible y respetuoso con el medioambiente.

Para nosotros, estas aves se convierten en verdaderos compañeros de trabajo a los que tenemos un profundo cariño. Cada una tiene su nombre y, a nivel personal, me gusta bautizarlas con analogías que tengan un significado especial. Así nació Tyson, el primer halcón que volamos para el Athletic Club. Recibió su nombre porque un día le dio por picarme la oreja, emulando al famoso boxeador en su combate de 1997 contra Holyfield.

Cada especie de rapaz cuenta con una morfología adaptada a su hábitat y técnicas de caza. El halcón peregrino, por ejemplo, es el animal más rápido del mundo en picado, alcanzando los 400 km/h. Lo increíble no es solo la velocidad, sino cómo su cuerpo de apenas un kilo soporta esa presión, permitiéndole respirar gracias a unas protuberancias especiales en sus orificios nasales que ralentizan el aire.

A pesar de sus increíbles habilidades, las rapaces fallan la mayoría de sus intentos de caza (capturan solo 1 o 2 veces de cada 10). Pero para nuestro trabajo esto es más que suficiente: basta con que ataquen y generen un miedo real para que las aves eviten volver a la zona.

A falcon with a tracking device on its back flies against a blue sky.

El equipo adecuado: halcones en aeropuertos, águilas en estadios

La elección de la especie depende por completo del entorno. En un aeropuerto, al ser un espacio muy abierto, utilizamos halcones porque vuelan a gran altura, abarcan mucho espacio aéreo y son visibles desde kilómetros de distancia. En cambio, en un estadio de fútbol —que es una estructura semicerrada— es mucho más efectivo el uso de águilas de Harris, caracterizadas por un vuelo más corto, potente y una agilidad asombrosa entre las vigas de las cubiertas.

Para que funcione, la gestión debe ser a largo plazo. Las aves urbanas actuales son las que mejor se han adaptado a nuestro entorno; son extremadamente inteligentes, identifican las amenazas y saben perfectamente cuándo su acechador ha dejado de visitar la zona para volver a colonizarla.

27 años de historia en San Mamés: de Euskal Falcon al Grupo Anticimex

Nuestra andadura en el control de avifauna comenzó en el año 1999 dando servicio al Athletic Club de Bilbao. En aquel entonces, bajo el nombre de Euskal Falcon (hoy integrados con orgullo en el Grupo Anticimex), nos convertimos en la primera empresa a nivel estatal y de las primeras en Europa en aplicar la cetrería en campos de fútbol.

Cuando iniciamos el servicio, censamos una población de unas 300 palomas que devoraban las semillas del césped. Hoy, tras 27 años de gestión ininterrumpida, ver una paloma en San Mamés es una auténtica rareza.

Además de proteger San Mamés y el Palacio de Ibaigane (sede del Athletic), prestamos este servicio especializado para otros clubes de primer nivel como el Deportivo Alavés, el Real Valladolid y el RCD Espanyol de Barcelona.

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